En Reiki, como en tantas otras artes japonesas, no existe el poseer un don especial o habilidad especial necesario para aprender o realizar dicho arte, sino que la persona interesada debe buscar su propio mejoramiento mediante la constante práctica. Es por esto que son llamados “do”, porque nos conducen por un camino hacia la superacion, no solo de la técnica Reiki, sino también hacia la superación personal a través del constante autoaprendizaje que se logra al practicar Reiki en uno mismo y en los demás. Al recorrer el camino Reiki y aprender de nosotros mismos y de la técnica, uno empieza a desarrollar el método y con ello, sus propias habilidades innatas, como el sanar, por ejemplo, o el percibir la energía. 

Es por esto que en Reiki no existe el poseer una habilidad especial, y cualquier persona interesada puede iniciarse. La única diferencia radica en quién se “esfuerza” día a día en su práctica, pero este no es un secreto; es aplicable a cualquier cosa que se quiera emprender, y la práctica hace al maestro.

Un día, una persona interesada en el curso de reiki me consultó lo siguiente: “¿cómo se podría darme cuenta que soy buena haciendo Reiki?” ya que, por ejemplo, y para que entendiera bien la pregunta, dijo, “todos jugamos a la pelota, pero no todos somos Messi”… Es verdad, le conteste. Lo que diferencia uno del otro es el compromiso. El primero juega a la pelota; el segundo lo vive. Mientras el primero juega ocasionalmente con amigos, el segundolo hace casi todos los días, incluyendo los entrenamientos. El primero no sigue una dieta ni realiza ejercicios físicos que acompañen su mejora, pero el segundo sigue una dieta especial para ello. Es decir, ha interiorisado el juego y lo ha hecho parte de sí mismo, integrándolo a su vida. Esta es la gran diferencia que lo ha llevado a ser excelente en lo que hace. Messi no juega al futbol; él se ha convertido en el futbol y lo ha logrado a través de duros y constantes entrenamientos. La diferencia esta dada por quien transita por el camino que ha elegido, el cual lo lleva al perfeccionamiento y la maestría del arte que eligió.

No existe ningún secreto, ni ningún maestro que guarde para sí una enseñanza suprema; no hay nada que revelar en Reiki, nada que no llevemos internamente y que esté ahí, a la espera de ser descubierto. No existe una práctica o técnica que despierte tus dones y habilidades; nada de eso. Quien quiera desarrollar su capacidad innata, quien busque perfeccionarse a sí mismo y alcanzar la maestría y con ello la iluminación (objetivo final del Reiki), debe prácticar y escucharse a sí mismo, despojarse de todos los miedos y dudas, y emprender su recorrido con el entusiasmo de mejorar constantemente.

Este es el secreto de cualquier arte japonés que se practique y, por ende, del Reiki.

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