El hara es un elemento importantísimo en cualquier arte oriental que se practique, y el Reiki no es una excpeción. Aunque el Reiki se ha occidentalisado bastante y se han dejado de lado ciertos aspectos para convertirlo más una terapia de sanación que un camino de vida, no quita que en su esencia, es decir, en lo mas profundo de sus raíces, encontremos viva y latente su filosofía.

El Reiki se basa en varios conceptos, pero el más importante y a tener en cuenta por cualquier practicante es el hara. El hara es un centro energético japonés ubicado a tres dedos debajo del ombligo y hacia dentro del cuerpo, hacia el centro del abdomen. Este centro, en realidad, es una vasija dónde se origina, almacena y distribuye la energía universal o vital denominada ki hacia todo nuestro cuerpo y órganos, vitalizandonos y manteniendo así un funcionamiento óptimo de nuestro organismo. Por ende, una canalización adecuada de esta energía es esencial para mantener nuestra salud y vitalidad en óptimas condiciones.

El hara, al ubicarse en el centro del cuerpo, se convierte en el centro de nuestras vidas, ya que no solo es el centro de nuestro equilibrio, gravedad y estabilidad del cuerpo, sino que también es donde reside nuestra conexión con nuestra verdadera esencia y nuestra alma, volviéndose así importante no solo a nivel físico, sino que también nivel espiritual. 

Este centro no es un algo ajeno a nosotros, ya que en los primeros momentos de vida, hasta los 7 años, estuvimos conectados a nuestro hara y nuestra atención estaba puesta allí. Sin embargo, al crecer, esta atención se trasladó a nuestra mente, donde reside actualmente. Estando nuestra atención en la mente, empezamos a vivir y ver al mundo en polaridades u opuestos (bueno – malo, lindo – feo, vida – muerte, pasado – futuro), dividiéndolas y elegiendo según nuestra conveniencia, dejando así de entenderlo como parte de un todo igual. Esto genera en la persona juicios y evaluaciones constantes, así como experimentar una separación de la unidad y la totalidad. Al vivir la vida a través de la lente de las polaridades y dualidades, sentimos sufrimiento emocional, malestar, estrés, ansiedad y comenzamos a percibir dentro nuestro un desequilibrio en nuestra energía, lo que provoca que fluctúe de forma irregular o no llegue suficientemente a ciertas partes del cuerpo, y esto se interpreta como enfermedad. Cuando la energía no fluye bien, comienza a estancarse o ralenterizarse, lo que no permite una renovación, y a eso se lo llama bloqueo energético. Este bloqueo empieza a densificarse y tomar forma, afectando nuestro cuerpo físico en forma de dolor, malestar o enfermedad.

Practicar Reiki nos permite volver a centrarnos y colocar nuestra atención en nuestro hara. Esto nos permite: 

  • Vivir plenamente en el momento presente, lo que hace que los síntomas del estrés, la ansiedad o la depreseión desaparezcan, provocados por la mente que está puesta en el pasado o futuro.
  • Al considerarse el centro de gravedad del cuerpo, mantener sin esfuerzo una postura equilibrada y una presencia firme.
  • Acceder a una mayor comprensión de nuestro verdadero ser y espiritualidad, ya que en el hara reside nuestra esencia más profunda.
  • Vivir y experimentar una espiritualidad más profunda. Al tomar contacto con nuestro hara, tomamos contacto con nuestra alma, lo que nos lleva a tomar desiciones y actuar desde la autenticidad y valores más profundos, lo cual es importante en la búsqueda de nuestro camino espiritual.
  • Vivir en conexión y armonía con el universo y la naturaleza dentro de nosotros, lo que nos lleva a un estado de satori.

Si al practicar Reiki, además llevamos nuestra atención al hara, nos conectamos con la energía vital, la cual ingresa por nuestra coronilla, baja hacia el hara, se almacena y se dirige hacia nuestras manos, y de nuestras manos nuevamente al área del cuerpo que lo necesite o donde haya desequilibrio. Por ende, nos conectamos con nuestra intuición, con el momento presente y con nuestra esencia, es decir, al estar conectados a nuestro hara nos conectamos con un Reiki mucho más auténtico. Esto es fundamental para que una sesión de Reiki sea completamente intuitiva y perceptiva. Esta conexión se logra al dirigir nuestra atención hacia la zona debajo del ombligo, despertando y desarrollando así nuestras habilidades de sanación. En este proceso los pasos a seguir en un manual dejan de tener importancia, y pasamos a un siguiente nivel de terapia, en el cual dejamos que nuestras manos se muevan libremente, soltando toda idea preconcebida o prejuicio que se tenga acerca del Reiki.

De esta forma, las sesiónes dejan de ser todas iguales para convertirse en lo que se llamaría “一期一会” (Ichi-go ichi-e), que se traduce como: “una vez, un encuentro”. Es decir, las sesiónes y nuestras auto sesiones se transforman en un momento único y especial, el cual difícilmente se vuelva a repetir.

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