A lo largo de mi carrera como terapeuta y maestra de Reiki he escuchado muchas veces decir: “me realizo Reiki pero no es tan poderoso” o “uno no se puede auto percibir durante la sesión”. Sucede que ambas frases no son del todo ciertas.

Las terapias complementarias son denominadas cómo terapias de autoconocimiento, porque buscan que el practicante o terapeuta logre conocerse a sí mismo, a través de percibir con sus manos los diversos desequilibrios energéticos causantes de la mayoría de los malestares, y los pueda tratar con energía con el fin de obtener la armonía deseada. Pero es aquí dónde se halla el problema.

Un desequilibrio energético muchas veces está ligado a pensamientos, emociones y situaciones las cuales no queremos ver ni ser conscientes y es por esto que los sentidos, responsables de nuestras percepciones, se bloquean e impiden que podamos auto percibirnos. Cuando esto sucede la terapia está siendo controlada, mermándose así el flujo de energía que nos estamos dando. Si podremos sentir relajación y tranquilidad, pero no cumpliremos con el objetivo que nos propusimos cuando decidimos aprender la técnica.

Aquellas frases antes descritas están relacionados a los miedos y a la propia estima que nos tenemos, dejando que muchas veces el otro haga el trabajo por nosotros muchas veces por no sentirnos aptos. Estos miedos e inseguridades son producto de nuestra mente y están asociados a no querer ver lo llamado negativo en nosotros mismos, a no querer aceptar que no somos perfectos, a encontrarnos nuevamente con aquello que nos produjo desarmonía, a encontrar que algunas situaciones son producidas por nosotros mismos, a ser felices o a no creer que tenemos el poder, etc.

La mente es capaz de hacerse de una idea de como es el mundo y busca tapar o negar todo lo que no cuadre con ese mundo, y es por esto que cuesta el auto percibirse. Pero si se rompe aquella barrera, entonces podremos descubrirnos a nosotros mismo y llevar luz a todas las áreas de nuestra existencia. Podremos entonces empezar un camino hacia la armonía, un camino que va hacia el interior nuestro, bien profundo, hasta conectar con lo que realmente somos y con nuestra esencia.

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